Hoy en día proliferan sin control las enfermedades de la civilización, tales como el cáncer, diabetes tipo 2 (“Azúcar de la edad”), alzheimer, parkinson, enfermedades cardiovasculares (ictus, infartos, varices, trombos, etc) y por supuesto la gran epidemia , la obesidad, todo ello a consecuencia de una mala alimentación y una desconexión total entre los hábitos modernos que tenemos actualmente y nuestra biología (somos animales al fin y al cabo).

Entre muchos de los hábitos perjudiciales que llevamos a cabo, uno de los más devastadores a largo plazo es el consumo reiterado de carbohidratos refinados (azúcar y harinas refinadas), que a la larga, causan desequilibrios en el metabolismo como son resistencia a la insulina y a la leptina, precursores del síndrome metabólico y grandes responsables de los males que aquejan al mundo hoy en día.

Simplificándolo mucho,(y obviando las nocivas repercusiones en la microbiota, que aún se están estudiando) esto ocurre porque la absorción digestiva de estos carbohidratos se lleva a cabo demasiado rápido, ya que, sin apenas fibra ni nutrientes asociados al alimento de origen, este macronutriente pasa muy rápidamente a la sangre, provocando el famoso “golpe de insulina”, que cuantificamos por el valor de “Índice glucémico”.

Estos golpes de insulina son un mecanismo natural de tu cuerpo para que no te intoxique tanta glucosa en sangre. Lo que hace este proceso es retirarla de tu sistema circulatorio para llevarla a tus músculos.

Pero este golpe insulínico no es nada beneficioso para el cuerpo cuando se produce una vez tras otra, en cada comida, durante años y años.

Hemos convertido un proceso que en nuestra biología ancestral debería ser algo puntual y anecdótico en un entorno de alimentación natural (por ejemplo como cuando no existía industria alimentaria y un humano se encontraba un panal de miel o un árbol repleto de fruta)

Este proceso de manera  reiterada  y  crónica  fuerza a nuestro páncreas a segregar insulina más a allá de lo tolerable (dañando y mermando su capacidad de producir insulina = Diabetes tipo II a la larga) y que por otro lado insensibiliza a nuestros músculos y dejan de “escuchar” las órdenes que la insulina tiene para ellos, dado que están inundados en esta y se hacen demasiado tolerantes a su presencia.

Como resultado obtenemos resistencia a la insulina, triglicéridos elevados y en un alto porcentaje, obesidad.

Todo se complica aún más, dado que este segundo hecho (la insensibilización de los músculos a la insulina) provoca un circulo vicioso, dado que estos “exigen” más insulina al páncreas para absorber la misma cantidad de glucosa en comparación cuando estabas metabolitamente sano, agravando así, el problema de la sobre explotación del páncreas.

O ponemos remedio, o este problema siempre irá a peor.

(Diabetes Tipo-2 / azúcar de la edad)

Y aunque pueda parecer increíble, no acaba ahí el problema. Todos estos procesos y enfermedades se han visto agravados aún más si cabe, por el erróneamente infundado miedo a las grasas de los últimos 50 años, basado en estudios antiguos y deficientes. Por fortuna muchos nutricionistas y organismos de la salud de carácter mundial, llevan desmintiendo ya un cierto tiempo estas afirmaciones, a la luz de estudios más recientes y mejor diseñados que los que propiciaron la fobia a las grasas a mitad del siglo XX.

Como propiedades beneficiosas de las grasas saludables (las que están naturalmente presentes en los alimentos) tenemos las de aportar saciedad a la comida (con lo cual comerás menos cantidad a la larga) la cual se complementa con la de provocar la ralentización del vaciado gástrico, lo cual modifica el “índice glucémico” total de las comidas ingeridas en su conjunto, mejorando los problemas asociados al consumo de harinas refinadas (pan, pasta, galletas, bollería, cereales de desayuno), y azucares simples (zumos, lácteos azucarados, galletas, bollería, refrescos, alimentos procesados), alimentos que por desgracia son demasiado habituales en nuestra dieta occidental.

Durante décadas hemos tratado de eliminar las grasas de nuestra dieta artificialmente, resultando nefasto para la salud. Ya que como hemos comprobado las tasas de obesidad no han hecho más crecer.

Tasa de obesidad ANUAL y zonas mundiales

Gráfica comparando los porcentajes de obesidad del total de población en países miembros de la OCDE. Para edades superiores a 15 años y un IMC mayor a 30.Datos procedentes del "OECD factbook 2005", con datos correspondientes a diversos años entre 1997 y 2003, según los países.

Este hecho, sumado al excesivo sedentarismo actual, ha supuesto un desajuste enorme con nuestra biología, lo que provocado entre muchas cosas las resistencias a la insulina y a la leptina.

Desajustes metabólicos que conllevarán qué a la larga nuestro organismo, lejos de liberar la grasa que ingiere y almacena como energía, la retenga en organismo de manera antinatural, llevándonos a la obesidad crónica y las comentadas enfermedades de la civilización.

La buena noticia es que todo esto tiene solución, basta con comer “comida real”, no comida “inventada” por el hombre.

¿Qué es comida REAL?

  • Huevos de gallinas camperas / eco
  • Pescados (a ser posible salvajes mejor que de piscifactoria)
  • Frutas
  • Verduras
  • Legumbres
  • Carnes grasas de animales criados en libertad (los denominados "de pasto")
  • Carnes de caza
  • Carnes magras
  • Frutos secos (crudos)
  • Bayas/frutos rojos
  • Hortalizas
  • Tubérculos
  • Cereales integrales enteros sin procesar
  • Especias
  • Lácteos enteros no azucarados (yogur, leche, mantequilla, nata, kefir, quesos...)

Arrogantemente el hombre presumió hace más de 30 años que era mejor que la naturaleza para diseñar los alimentos que son mejores para nosotros mismos.

¿Qué es comida NO REAL o ARTIFICIAL?

Os indicamos algunos ejemplos

  • Yogures 0%.
  • Leche desnatada.
  • Edulcorantes artificiales.
  • Fiambre de pavo bajo en grasa.
  • Salchichas sin grasa.
  • Aceite de oliva light.
  • Panes blancos (desprovistos de fibra y nutrientes).
  • Nuggets de pollo.
  • Mayonesas light.
  • Zumos (Incluso los caseros. Ya que están desprovistos de la fibra que retrasa la absorción de los azucares. No como la fruta entera).

Otras alteraciones artificiales en hábitos alimenticios

  • Recomendaciones de limitar los huevos
  • Quitarles las yemas
  • Cambiar la mantequilla por margarina
  • No comer mucho aguacate...

La comida de verdad, la que el conjunto de animales del planeta come, la que no necesita ser pensada ni diseñada en una fábrica, simplemente siempre ha estado ahí durante toda la historia de nuestra evolución.

¿Has visto algún homínido obeso?

Sí, el hombre.

El simple hecho de volver a alimentarnos mayoritariamente con ella, mejorará e incluso revertirá sustancialmente estas enfermedades nuevas, específicas de la civilización occidental.

Este sería el primer paso y más importante para darle un vuelco total a nuestra salud y reducir nuestra obesidad. En segundo plano, como complemento, tenemos el "cuando” comer los alimentos, como os explicamos aquí sobre ayuno intermitente (leer artículo).

Una alimentación alta en grasas saludables, baja en carbohidratos simples y moderada en proteínas (que no es ni más ni menos que lo que nos ofrece la “comida real”) sin tener que fijarnos en calorías ni macronutrientes, es una alimentación saludable y regeneradora.

Pero podemos ir más allá y forzar un periodo de “invierno nutricional”, bajo en frutas, legumbres, tubérculos y cereales. Limitando así la ingesta de carbohidratos, ya que en el pasado, estos alimentos estaban disponibles en su mayoría en primavera y verano.

Se hace hincapié por tanto en consumir grasas naturales de calidad, pero no grasas artificialmente añadidas a la alimentación típica como las grasas TRANS, grasas saturadas adulteradas y usadas para productos procesados o ultra procesados o grasas poliinsaturadas en exceso y/o oxidadas por excesos de calor en su elaboración de los alimentos a las que se añaden.

¿Qué alimentos tienen GRASAS naturales de CALIDAD?

  • Aceite de oliva virgen
  • Aceite de coco virgen
  • Aguacate
  • Pescados azules ( preferiblemente salvajes, congelados o no )
  • Grasas saturadas de alimentos naturales provenientes de:
    • Carnes
    • Huevos
    • Mantequillas orgánicas (elaboradas a partir de animales de pasto)
    • Frutos secos
    • Semillas de calabaza o girasol
    • Cacao Puro ( en polvo o en tabletas )
  • Lácteos enteros no azucarados
    • Quesos
    • Yogures
    • Leche
    • Nata
  • ...

Esto provocará en poco tiempo que el organismo entre en un estado de “cetosis” nutricional.

Este estado es un “modo quema grasas” natural del organismo en periodos de escasez de carbohidratos, (invierno) en el que nuestro cuerpo encuentra la manera de mantener su metabolismo y energía al 100% para contrarrestar estos periodos bajos en carbohidratos.

Si lo extrapolamos a ser humano antes de la civilización, o en sociedades cazadoras/recolectoras que aun existe en áfrica o sudamérica, en estos espacios de tiempo de escasez predominaba la caza y recolección de algunas verduras, frente a consumo habitual de de frutas y tubérculos.

La capacidad para alternar eficientemente el origen del cual el cuerpo obtiene su energía entre los diferente sustratos energéticos (grasa-carbohidratos), se denomina “flexibilidad metabólica”.

Generalmente esta flexibilidad, se encuentra atrofiada por los malos hábitos de nuestra civilización occidental, ya que, en una alimentación alta en hidratos refinados, el organismo siempre va a preferir consumir estos antes que las grasas, reservando estas últimas para casos de escasez de carbohidratos.

La evidencia científica actual, nos sugiere que realizar periodos de una alimentación de cetosis nutricional es lo ideal para la mayoría de personas (estudio)

Los beneficios demostrados de la CETOSIS NUTRICIONAL:

  • Mejor control de la insulina y sensibilidad a esta.
  • Mejoras de procesos de enfermedades neuronales.

Muchos problemas neuronales vienen dados por complicaciones con la obtención de energía que obtienen la neuronas de la glucosa, y por el contrario las cetonas son un limpia fuente de energía para la mayoría de estas células.

  • También se está relacionado con mejoras en el autismo que comparte características con la epilepsia (estudio).
  • Ralentizar algunos tipos de cáncer (estudio,estudio,estudio).
  • Más energía estable durante todo el día, hayamos ingerido alimentos o no.
  • Más saciedad a la hora de alimentarnos.
  • Reducción de la obesidad a corto y largo plazo.
  • Reduce la intensidad de las migrañas e incluso de eliminarlas (estudio).
  • Mejoras y remisiones de personas con problemas su hígado graso no alcohólico (estudio).
  • Palia los síntomas de la enfermedad del síndrome de ovario poliquístico (estudio).
  • Los atletas de resistencia pueden verse beneficiados en periodos concretos de entreno con consumo bajo de carbohidratos , al luego incorporarlos cercanos a las pruebas y obtener mayor rendimiento (estudio).
  • Mejoras de la esclerosis múltiple (estudio).
  • Para personas con IMC alto, favorece perdida de grasa.
  • Ayuda a reducir la obesidad.

Efectivamente, comer grasas saludables ayuda a quemar más grasa corporal ya que ayuda a corregir la resistencia a la insulina, principal desencadenante a largo plazo del síndrome metabólico, elevación de los niveles de triglicéridos, hígado graso, hipertensión, dislipemia,... así como facilitar la adherencia a la dieta gracias a la saciedad y sabor que aportan. Suponiendo también una notable mejora de la obesidad.

Pero este proceso requiere de un periodo de adaptación, ya que el cuerpo no puede adaptarse inmediatamente de un día para otro, de quemador de glucosa (lo fácil y placentero) a quemador de grasa (lo más complicado) como obtención de energía.

Haciendo una analogía, es como pasar de tener la gasolina como combustible a directamente el petróleo. El cuerpo siempre va a preferir “ir a lo fácil” (comida procesada y alta en hidratos), a no ser que le demos herramientas para recordarle que también puede ser el petroleo el origen de la energía.

Para llevar a cabo esta adaptación, será necesario forzar al organismo durante un tiempo a que tan solo queme grasa y se adapte a esta como fuente de energía principal, y esto requerirá de un consumo de carbohidratos netos (sin contar la fibra dietética, que son hidratos no digeribles) inferior a 50 gramos al día, llevando a cabo una ingesta de alimentos reales bastante sencilla, puesto que, aparte de quitar permanentemente procesados insalubres que nunca deberían de ser parte de nuestra dieta (harinas, azúcar, productos procesados, etc...), además tan solo deberíamos de apartar durante 30 días las legumbres, los tubérculos y los cereales integrales para llevar a cabo periodos de cetosis nutricional.

¡entonces!... ¿qué comemos?

Pues TODO lo demás:

  • Huevos de gallinas camperas
  • Pescados (preferiblemente salvajes, congelados o no)
  • Verduras
  • Carnes grasas de animales criados en libertad
  • Carnes de caza
  • Carnes magras
  • Hortalizas
  • Especias
  • Lácteos enteros no azucarados
  • Bayas
  • Frutos secos.

Y las miles de combinaciones que todos estos alimentos cocinados pueden suponer.

Comiendo de esta manera tan saludable en un par de días entraremos en lo que se denomina estado de cetosis (no confundir con cetoacidosis). Un proceso el que el cuerpo empieza a generar un derivado de la grasa (las cetonas) qué sirven como combustible principal para el organismo en lugar de la glucosa.

Y al cabo de un mes aproximadamente nuestro organismo habrá "aprendido" a usar estas cetonas y los ácidos grasos como fuente de energía principial (a través del aumento paulatino de encimas lipolíticas), lo cual nos proveerá de una energía física y mental a la que no estamos acostumbrados, amén de todos los beneficios para la salud y peso corporal que hemos comentado antes.

 

Incluso el cerebro puede alimentarse de este producto obtenido de la grasa en vez de la glucosa, al contrario que como tradicionalmente se pensaba.

Solo unas células cerebrales sin mitocondrias y los glóbulos rojos (también sin mitocondrias) son incapaces de alimentarse de las cetonas, necesitando glucosa para mantenerse vivas. Pero esto no es problema, porque el hígado produce glucógeno durante todo el día para mantener los niveles estables en la sangre. Es lo que se denomina la “gluconeogénesis”, con la cual no debemos tener miedo en este sentido, ya que es un proceso totalmente natural y rutinario que nos provee de carbohidratos todo el día.

No obstante si es la primera vez que se induce la cetosis no es de extrañar que el cuerpo se "revele" las primeras semanas. Notaremos cansancio, ligeros mareos, sudor fuerte, antojos por lo dulce...  

Esto no es más que "el mono" (muy real) de la desintoxicación de una vida repleta de azúcar y carbohidratos refinados. Y algunas personas pueden sufrirlo más que otras de manera aguda. Realmente el azúcar y la harina blanca son drogas muy efectivas, y librarnos de su influjo no va a ser fácil. Aunque 2-3 semanas de molestias puntuales son una nimiedad comparadas con los beneficios que nos va a suponer a la larga.

 

El indicativo para saber si estamos en un estado de cetosis podemos calcular el nivel de cetonas en sangre, que se puede medir mediante unas “tiras de cetonas de orina” que se venden en farmacia. Así sabremos que estamos produciendo cetonas como combustible para nuestros cuerpos.

Añadir que las cetonas es un combustible mucho más limpio para el cuerpo y genera menos radicales libres que la oxidación del glucógeno, que van dañando las células en una especie de reacción en cadena que sólo puede ser frenada por los antioxidantes. Por este motivo se considera que a la larga la cetosis nos "mantiene jóvenes" más tiempo.

Conclusión

Cómo hemos dicho al principio, la disfunción metabólica mitocondrial alentada por una mala alimentación sería el gran causante de la mayoría de enfermedades y obesidad relacionados con el estilo de vida occidental.

Solucionarlo esta en nuestra mano y es más fácil de lo que se cree. Periodos intermitentes puntuales al año (3-4 semanas) de cetosis nutricional sería una herramienta muy efectiva para empezar a arreglar estos desajustes e introducirnos en una espiral de alimentación saludable que, sumados a un estilo de vida activo y hábitos saludables, pueden suponer un antes y un después en nuestra calidad de vida, composición corporal y remisión de enfermedades crónicas.

Por eso...Come saludable, ViVe y se feliz

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